28.11.11

1.- "EL SUEÑO DE ABRAHAM"- Cuento Fantástico INTRODUCCIÓN

Introduccion

El frío de aquella noche era petrificante. Todo parecía haberse salido de control para el. Todo daba vueltas ya sin control. Las lagrimas corrían por sus ojos de solo verse de pie allí, contemplando la casa de sus padres. La casa de su padre. El viento helado se clavaba en su espalda la cual, parecía desnuda ante la furia invernal. Sus lagrimas caían mas lento de lo normal. El aire gélido las aplastaba contra su cara y las volvía frías y viscosas y en lugar de saborearlas, sentía como corrian horizontalmente por sus mejillas. Nada podría quitarle esa pena. Nada podría hacer que se sintiera menos culpable de la muerte de su madre. El lo había visto todo. Y el tiempo había pasado tan rápido. Días, meses, años. Pero el dolor y el frío nunca habían sido menos intensos. Inclusive, llego a pensar que ese frío venia de adentro de su cuerpo, pues se sentía como muerto desde entonces. Quizas debio haberse matado en esa epoca. Ninguna distracción, ningúna brisa de aire tibio había sido suficiente para hacerle olvidar aquella noche. La noche en que su vida se partió. El alcohol ayudo al principio, pero luego, inmerso en un torbellino de vicios se sentía cada vez mas ahogado, y las terribles amanecidas luego de una noche de alcohol y droga eran solo anuncio de que regresaba la conciencia y la culpa. Despertaba tirado en alguna esquina, o bajo la nieve, y el frío traía todo de regreso a su mente. El mismo frío de aquell noche y de todas las demás.

Ahora, borracho regresaba a casa. El dia habia sido largo pues luego de amarrar en el puerto habia pasado horas descargando las bodegas del pesquero en el que trabajaba. Era pesador. Era un borracho pescador oír defecto pues de algún forma tuvo que escapar y lo hizo hacia la mar. Si su padre lo hubiera visto así, seguramente no hubiera dudado en deshacerse de el, así como lo boto de casa años atrás. La muerte de su madre fue un cisma terrible y el fue el unico resposable. Se sentía patético. Sentía frío. El bar siempre le daba una bienvenida mas cálida que su propio hogar, o así lo creía el. Porque amigos no hubiera podido ennumerar y la calidez de estos pasaba solo durante instantes por su garganta seca. Solo una cuenta larga por pagar en decenas de bares en Anchorage.

Debía estar soñando, por que por instantes no sentía el frío mientras caminaba bajo la nevada. Además, no sentía ese vértigo imposible de controlar al que ya estaba acostumbrado ni la ligereza de cabeza. El alcohol le tendia trampas en las que caia facilmente y ahora, dessensibilizados, sus pies se congelaban descalzos en la nieve. Desgreñado, sucio y tambaleante se apoyo en la puerta de entrada de su hogar y al abrirla vio allí a su mujer, quien al verlo palideció y dio dos pasos para atrás. Aun llevaba en ojo herido y algunos moretones en los brazos porque la ultima vez que se habían visto, habían peleado a golpes.
No importaban las excusas. Ella ya sabia que estaba borracho. Antes lo hubiera recibido y atendido, riendo de sus locuras y oyendo sus aventuras inventadas con las que llenaba sus viajes de pesca para creer su propia mentira y sentirse un poco mas digno de odiar a su padre; pero ahora solo discurria un escalofrio por la espalda de ella y un poco de miedo. Sus hijos, escondidos en algún rincón de la casa esperaban alguna señal pues ya sabían que hacer. Solo debían esperar la seña: ronquidos o botellazos. Su padre, clavandole los ojos desde la foto en la pared. El alcohol, su único camino a la catarsis. Era raro no oír el mar, pensó inmóvil. Luego de varios meses de pesca, el mar se volvia algo constante, y no oirlo ahora le resultaba ensordecedor. La mirada temerosa de Margarita lo encolerizaba. Los truenos de la tormenta, la noche sin Luna y la extraña sensación de estar teniendo una experiencia libre de sensaciones pues nada le afectaba. Por primera vez, todo estaba en su cabeza al mismo tiempo y sentía miedo. Todo daba vueltas. La tormenta galopante. El mar en sus oídos. Su padre. La sonrisa de su madre, sus ultimos momentos. Sus ultimas palabras de amor. Su esposa y sus hijos bañados en Alcohol y la pantanosa sensación de monotonía que se apoderaba de en en las noches en las que hubiera pensado que podría conciliar el sueno. Un trueno que parecía gritarle por sus pecados.

Se vio cayendo por la borda. Se vio viejo. Con la barba crecida y arrugas surcandole la cara. Con la debilidad de veinte años mas. Las olas lo llevaban. Nadie se había dado cuenta. Todas las luces de la nave estaban apagadas. El mar de Alaska penetraba en su piel como miles de agujas y su pecho estaba paralizado. Dolor. Sus dedos, se contraían convulsivamente como respuesta al frío y sentía que se hundía en un océano vacío. Un mar de decepciones y golpes. Un mar de muerte y sangre, de alcohol y sexo, de obsesión y compulsión, un mar vengador que hacia justicia. Algo le arrastraba como peso muerto. Finalmente, sólo, iba a morir. Sentia su corazon, el cual latia desesperadamente como cuando murio mama y no dejaba de oir en su cabeza los gritos de su padre, lo cuales lo ahogaban. Otro trueno y una llovía intensa y aplastante. Y cuando la ultima ola tormentosa lo alzo por sobre la cubierta, vio en ella a su madre. Se quedo atónito. Su madre, de pie con un salvavidas en las manos observando inerte como el océano y el pasado devoraban a su hijo.
'Madre!' - gimió él en profunda desesperación como lo hace un niño. Como lo había hecho el de niño en esa noche funesta. Pero ella solo se limito a mirarlo y soltar el salvavidas a sus pies. El desdichado entendiendo entonces que aquellas ultimas palabras de amor no habían sido para el y se dejo caer al liquido abismo. Aquel infinito ondulante que siempre le habia ofrecido un final y al que nunca habia tenido la fuerza suficiente de escuchar. Se dejo ir, a que algo termine con su sufrimiento. A que el lecho marino sepultase sus secretos y que el miasma helado llenase su corazón por completo.
Solo un ultimo trueno mas ensordecedor que los demas cayo cerca y partió las aguas como si partiera cristal. Sintió el hielo lancinante y como el peso terrible de sus botas lo jalaban a lo profundo. La sensación inminente de falta de aire lo invadió casi de inmediato, y antes de lo que el habría pensado, se encontraba batallando contra sus músculos, los cuales pretendian respirar desesperadamente. Cada vez que su pecho intentaba distenderse, un dolor agudo lo dominaba en el intento de no respirar. Finalmente, se canso, y decidió entregarse a el destino y el agua lo invadió. Con ella, un sentimiento de ahogo, una sensación de paz.

Mientras se ahogaba, mientras moria, súbitamente, una ultima descarga de su sistema nervioso recorrió su espina y contrajo sus músculos, obligandole a estirar sus miembros. Sintió que el agua debajo de el desaparecía y se sintió como liberado en el vacío, cayendo por un instante. Pensó, por un segundo, que eso era todo.
Pero de repente, aun con los ojos cerrados, se dio cuenta que no iba a morir, aun. Sudaba profusamente. Todas las sensaciones regresaron a el como un golpe en la cabeza. Apretó los párpados y sintió acido en la garganta. Aquella desagradable sensación de haber despertado de un sueño no reparador. Y peor aun, aquella sensación de haber sido desnudado por sus pesadillas, por su inconciente que clamaba por un espacio en su vida. Había despertado.
Aun seguía con vida, aun seguía esperando el momento en que el mar solucionase sus problemas por el.
Hacia años lo azotaban las mismas visiones y los mismos sueños, y cada vez que despertaba volvía a sentirse vulnerable, débil. Le tomaba un tiempo breve negarlo todo para consigo mismo y retomar la actitud de olvido y de indiferencia ante ese pasado, que en lo mas hondo de su ser, solicitaba ser reconocido y no enterrado. Normalmente, se hubiera sentado al borde de su cama, o del catre del pesquero y hubiera mirado sus pies, apoyando sus codos en sus rodillas. Luego de un par de respiros, ya con el corazón latiendo a un ritmo normal, se hubiera puesto de pie en busca de algo de alcohol barato que le ayudara a caer dormido y no seguir soñando. Y no seguir recordando.

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Moto

Ideas sueltas. Un poco de esto y de todo aquello; lo que ves en las combis, las discoteca y las calles y no parecen tener importancia hasta que decides pensar en ellas. Es alli donde todo toma color.